Los
macabeos sacerdotales denominados los justos, huyeron del país para mantener en
toda su pureza la práctica de su religión, así como Israel cuando salió de
Egipto fue purificado en el desierto, ellos creían que la única manera de
volver a la purificación era regresar al desierto. Hallaron un refugio en las
soledades de la tierra de Damasco y allí se les reunió el maestro de la
rectitud, que trajo consigo más justos. Establecería para los exiliados un
código estricto de la conducta judía, comprometiéndolos en una nueva alianza
tomando como base el pacto anunciado por Jeremías en sus capítulos 31 al 37.
Las normas de los que suscribieron la nueva alianza eran estrictas, y duras las
condiciones de vida en campamentos alzados en comarcas inhóspitas. Muchos
desertaron tras descubrir que la disciplina resultaba demasiado severa para
ellos. Otros fueron expulsados al trasgredir sus reglas. Los que permanecieron
vivirían en el exilio de una forma austera hasta la víspera de la anunciada
liberación mesiánica que creían que su llegada era inminente. Pero resulto una
espera prolongada para muchos. El verdadero maestro murió en el exilio. Más su
muerte dio nacimiento a la congregación de los esenios.
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