Estimada
amiga Eugenia, tengamos muy presente que varias tradiciones hebreas relatan la
resurrección de un hombre llamado Lázaro. Lázaro era un amigo de Jesús, al
igual que sus hermanas, María y Marta. Se había enfermado, y sus hermanas
enviaron a buscar a Jesús para que viniera a Betania. Jesús tardó en llegar y
Lázaro murió. Jesús no llegó a Betania hasta cuatro días después de que Lázaro
falleciera. Cabe destacar que Marta estaba confundida y dolida porque Jesús
había permitido que su amigo Lázaro muriera.
Pero
Él le dijo: "Tu hermano resucitará" (Juan
11:23). Marta asumió que Jesús se
refería a la resurrección final de los muertos, pero Él le estaba hablando de
algo que iba a suceder en ese momento.
Cuando Jesús llegó al lugar de la tumba de
Lázaro, hizo que los hombres quitaran la piedra de la entrada. Luego gritó:
"¡Lázaro, ven fuera!" (Juan
11:43).
La
multitud alrededor de la tumba se sorprendió cuando el muerto salió cojeando de
la cueva, aún atado con lienzos de sepultura. Los versículos 45–46 nos dicen
que muchos de los que vieron este milagro creyeron en Jesús, pero otros lo
informaron a los líderes religiosos. Este fue el milagro que selló el destino
de Jesús con los fariseos y los gobernantes. "Desde aquel día acordaron
matarle" (versículo 53).
Los líderes judíos no solo conspiraron para
acabar con la vida de Jesús, sino también con la de Lázaro: "Pero los
principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de
él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús" (Juan
12:10–11). Las noticias corrían
rápido y muchas personas querían ver al hombre que había sido resucitado de
entre los muertos. Alarmados, los fariseos convocaron una reunión del Sanedrín,
el cuerpo gobernante de Israel.
Es
probable que Lázaro estuviera relatando su experiencia una y otra vez, lo que
resultó en la desesperada decisión de los fariseos: Lázaro debía morir. ¡Otra
vez! En las mentes oscurecidas de los líderes del templo, Lázaro, la última
prueba de la afirmación de Jesús de ser el Mesías, tenía que morir.
Después de que Lázaro resucitara, regresó a la
casa que compartía con María y Marta (Juan
12:1–2). Estuvo presente cuando María derramó perfume
costoso sobre los pies de Jesús y los limpió con su cabello. Conociendo el
milagro que Jesús había realizado recientemente, comprendemos por qué la
hermana de Lázaro estaba tan llena de gratitud que llegaría a tales extremos.
Es posible que Lázaro fuera el único proveedor de sus hermanas y su muerte
podría haber significado pobreza para ambas. Jesús les había devuelto no solo
al hermano que amaban, sino al protector y proveedor que necesitaban para
sobrevivir.
La Biblia no nos da más información sobre
Lázaro. Cualquier detalle adicional proviene de la historia de la iglesia y
pueden ser exactos o no. Una tradición sostiene que, después de la ascensión de
Jesús al cielo, Lázaro y sus hermanas se mudaron a Chipre, donde Lázaro se
convirtió en el obispo de Kition y murió de causas naturales en el año 63 d.C.
Otra teoría afirma que Lázaro y sus hermanas se mudaron a Galia para predicar
el evangelio, y Lázaro se convirtió en el obispo de Marsella, donde fue decapitado
bajo la tiranía del emperador Domiciano. No se sabe qué le ocurrió a Lázaro.
Pero podemos estar seguros de que su cuerpo físico murió una segunda vez. Y
sabemos que, según 1 Corintios
15:51–53 y 1 Tesalonicenses
4:14–17, Lázaro será resucitado
nuevamente de entre los muertos para unirse a todos los santos de Dios en la
eternidad.
Para
concluir podemos decir que de acuerdo con la tradición Lázaro y sus dos
hermanas eran los propietarios de una taberna. En la cual Marta se ocupaba de
la cocina y María atendía a los clientes y actuaba como bailarina.
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